La Rara (soundtracks)

Captura de pantalla 2016-05-14 a la(s) 19.05.16

 

He actualizado mi blog de música para postear allí a partir de ahora todas las noticias sobre mi actividad. Allí he añadido también enlaces directos a mis páginas en Soundcloud y Bandcamp. Gracias por visitarlo.

I just updated my music blog to post there from now on all the news about my experiments in this field. I also added there direct links to my Soundcloud and Bandcamp pages. Thank you for visiting!

 

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Conversation with Stephen J Williams

La conversación fue larga y mis digresiones también. Esta es una reconstrucción: mi spanglish es absolutamente estrafalario y  Stephen tuvo algunas dificultades para entenderme (me temo que el humor español -o quizá sólo el mío- resulta un tanto hermético): le agradezco mucho su interés y su paciencia. / The conversation was long and my digressions too. This is a reconstruction: my spanglish is totally bizarre and Stephen had some difficulties to understand (I fear spanish humor -or perhaps only mine- is somewhat hermetic): I thank him very much for his interest and patience.

 

interviewSWilliamsBlog

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Orgía de almohadas / Pillow orgy

victoria-contreras-flores-alIngresInauguro espacio en Estampable, un portal online español a través del que se pueden comprar preciosas almohadas de calidad con algunos de mis dibujos y diseños aplicados y a precio inmejorable.

New space opened in Estampable, a spanish site through which you can buy lovely and excellent quality pillows with some of my drawings and designs applied.

 

 

Además, en Estampable imprimen el diseño elegido también en otros productos (tela, vinilo, papel pintado), así que si lo vuestro es el riesgo podéis empapelar una pared con alguno, o haceros un vestido elegante con estampado estrambótico o unas cortinas sofisticadas a la par que estrafalarias.

Furthermore, Estampable prints designs on other products (fabric, vinyl, wallpaper), so if your’re the risky kind, you can paper a wall with some, or make you an elegant dress with bizarre pattern or sophisticated and outlandish curtains.

 

Si por el contrario sois más discretos, quizá simplemente os guste alguna reproducción impresa sobre bastidor para la pared (acepto encargos de reproducción de cualquier imagen en mi web).

If instead you are more discreet, perhaps you would like just a printed reproduction for a wall  (I also accept commissions for printing images on my website).

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En el Asilo

asilo“El asilo del libro” es la librería de viejo más bonita de Valencia. Hoy he encontrado allí a la venta un ejemplar del que fue mi primer catálogo de pintura (y mi primer texto publicado). Y he tenido la sensación de haber completado un pequeño círculo muy simple de forma muy rápida. Espero que nadie lo compre y el librito pueda quedarse en aquél lugar para siempre.  Creo que ya puedo morirme tranquila. Un poco.

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I love Varoufakis (absolutely)

Sí. Yo también amo a Varoufakis. Lo reconozco. Pero sin perder el norte ¡eh!, que conste; no faltaría más, a mi edad, que comportarme como una groupie histérica y acabar enmarcando el poster a tamaño natural que tengo suyo colgado en mi cuarto, igual que ya hice con la foto que duerme a mi lado en la mesita… Soy objetiva y admito que Varoufakis no es un hombre guapo en absoluto. Es más, diría que físicamente es calcadito a José Maria Aznar…

 

varouaznar

 

Y es un hecho. Lo siento. Como especialista en la materia doy fe de que la morfología de sus caras es la misma: la misma nariz (más prominente en el griego), tan corta en proporción al resto de la cara que consigue que la distancia desde su base al labio superior parezca desproporcionada (detalle que el español intenta disimular -pero su hija no puede- con un bigote cada vez más parecido al pasto escaso y seco plantado en tierra morterenca); los mismos ojos pequeños y oscuros, que parecen aún más hundidos por la prominencia notable del hueso frontal y el nasal; la misma media sonrisa, segura y suficiente.

 

También existen, es evidente, notables diferencias físicas entre ambos. Por no extenderme: supongo que el español pagaría por alcanzar la estatura del griego, y éste y cualquier persona sensata pagaría por no cruzarse con el peluquero de aquél.  Porque si comparamos la actitud de sus cuerpos, cualquier psicólogo aficionado deduciría de sus apariciones en público que Aznar es un tipo secretamente acomplejado; y por el contrario, no hace falta ser psicólogo sino simple observador sensible al movimiento, para asegurar que los andares de Yanis no conocen el significado de la palabra “complejo”, y dar fe… de lo que él quiera.

 

Por acabar con el análisis formal y resumiendo: Aznar vendría a ser el Doppelgänger siniestro, en miniatura y despeinado de Varoufakis. La prueba es que invocar su nombre es como mentar a La Bicha y que siempre aparece en nuestras peores pesadillas… Para entender por qué alguien físicamente tan parecido a otro tipo tan… doloroso, consigue hacer suspirar a medio mundo, analicémos, por ejemplo, el distinto significado que emitió el ministro griego hace poco en la entrevista que le hizo Jordi Évole en “Salvados”.

 

De forma admirablemente pedagógica y con la pasión contagiosa de un docente excelente -adjetivo nada superfluo en este caso, teniendo en cuenta que, lamentablemente, ser profesor de universidad no está reñido con ser absolutamente imbécil y/o incapaz de comunicar nada-, Varoufakis expuso soluciones para Europa con argumentos simplemente irrefutables. Logrando expresarse en todo momento con una notable precisión que el entrevistador jugaba a confundir con arrogancia (“En todo caso, pedante, si usted quiere“, precisaba de nuevo el griego bromeando), explicó estrategias razonables y aplastantemente razonadas para alcanzar objetivos orientados a conseguir la implantación de un modelo de Europa federal que unifique la dignidad y no sólo la moneda.

 

Y más que la cadencia chulesca y sensual de sus andares, lo que me impresionó anoche como a una quinceañera y me humedeció el alma entera y me conmovió hasta las lágrimas, lo confieso, fue oír a un economista reconocer las limitaciones de su disciplina; no temiendo hablar de ideologías sino legitimando la aplicación de las que defienden los intereses del pueblo y supeditando a ellos cualquier Lógica o Matemática; demostrando un conocimiento humanístico, interdisciplinar, que resulta tan urgente como eternamente ausente en la reunión de las neuronas todas y el horizonte mental de la mayoría de políticos profesionales.

 

Y me rindió hasta la inconsciencia, hasta la esclavitud voluntaria, más, hasta el matrimonio, oír a un “responsable político” invitar a sospechar de cualquiera que simplemente aspire a serlo; y consecuentemente defender la conveniencia de prohibir, directamente, que cualquiera que desee detentar cualquier tipo de poder lo logre (y esto vale para un país del mismo modo que para un Dpto de universidad o la comunidad de vecinos de la finca donde vivo).

 

Y más que la robustez bajo la camiseta -esa espalda tras la que, parapetada, no me cuesta nada imaginarme a salvo de cualquier apocalipsis-, me sedujo la musculatura de pensamiento que traduce su elocuencia, aplomo de quien reflexionó previamente lo que dice, sabe de lo que habla, cree en lo que dice, y no hace afirmaciones a medias (“absolutely“, respondía a menudo).

 

Y lo que ya me arrebató hasta el enrolamiento kamikaze en cualquier ejercito que se decida a comandar y me arrobó hasta las vísceras y me hizo temblar las piernas y suspirar de nostalgia, fue que hablara de asuntos tan graves sin perder la sonrisa -precisa, de nuevo: no sonreía, mi Yanis, cuando describía tragedias-. Esa misma media sonrisa ladeada y suficiente, que en Aznar exuda desprecio y patología, pero que en la boca del griego revela inteligencia. Esa sonrisa que, frente a la desgracia, sólo mantiene quien celebra el recuerdo de la alegría de forma consciente; quien posee naturalmente o trabaja duro para alcanzar esa virtud moral a la que dedicó su vida Spinoza y que se transforma en energía contagiosa en Varoufakis, capaz de transmitir confianza, la esperanza de que todo puede salir bien porque el camino está claro y si lo emprendemos entre todos, todavía, aunque probablemente sea la última, tenemos una oportunidad.

 

Nada de lo anterior tiene que ver con lo que transmite el clon Aznar. Así que nuestra investigación dominguera nos lleva a concluir que: si a diferencia de su réplica, el in-significante español lleva décadas emitiendo significado estrecho, reseco y miserable será que indefectiblemente el cerebro que lo sustenta sólo puede ser más pequeño y reseco que el del griego, y ésta sería la diferencia física relevante entre ambos. Con lo cual, queda demostrado que hay cerebros hermosos y los hay vomitivos; que si el cerebro es la diferencia que hace sexualmente atractivo a Varoufakis, entonces “el tamaño importa” y él sin duda “lo tiene más grande” que Aznar, que los chulos de gimnasio o los modelos perfumados de la tele. Y bienvenida ¡por fin! la erótica del cerebro (Yanis es ministro, vale, pero si alguien conoce a un sin techo con sesera tan despampanante, que me avise y lo cobijo), y bienvenido su chismorreo si al menos contagia de preguntas nuevas tantos viciados corillos y consigue que corra de boca en boca por el Facebook y el Sálvame que la justicia social puede resultar afrodisiaca, el pensamiento activo, excitante, y que no hay nada más sexy que un hombre honrado y valiente.

 


 

( Por favor, no nos falles, Varou. O tendremos que reconsiderar las teorías sobre la fisiognomía del XIX, escribir cien veces en la pizarra “que un tío tan feo no podía ser bueno”, tragarnos nuevamente las mentiras que nos venden, y borrar, por vergüenza, absolutely este post.)

 

 

 

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No somos nada…

 

Mi hermano tomó esta fotografía con una cámara de juguete, una Kodak Fiesta, hace casi 50 años. Me importa un bledo si se confunde con amor fraterno opinar que la imagen podrían firmarla Cartier-Bresson, Doisneau, Robert Frank, Walker Evans, Diane Arbus, Friedlander. A pesar de que con mi afirmación no pretendo hacer ninguna broma, sé que Luís sería el primero en reírse: aunque con el tiempo se convirtió en fotógrafo premiado (con un curriculum internacional que incluye sorpresas que pocos conocen), quien ha visto su trabajo lo valora infinitamente más de lo que lo hace él mismo. Lo cierto es que cuando hizo esta foto, tenía tan sólo 8 años y, no sólo en mi opinión sino que a la vista está, también la mirada ya extraordinariamente despierta. Sólo dos años más que yo, que, con 6, posaba obligada con mi segundo vestido (el corto) el día de mi Comunión.

 

De que había fiesta en la casa dan fe el primer y último planos desenfocados: las botellas vacías sobre la mesa, los pequeños bocadillos y cuencos con contenido borroso, también la sonrisa de la tía Carmencita (¿quién no tiene una?), tan ancha y estrepitosa toda ella como la recuerdo. La cámara encuadra y enfoca la diagonal que dibuja la figura central y que subraya la dirección de los ojos, huyendo hacia el exterior, en dirección a la ventana, fuente de luz casi quemada que recortan limpiamente grises y negros muy cálidos. Que era un día especial también lo dice el vestido blanco, sus ribetes de crochet, el cuello formal y abrochado, el lacito de raso que brilla en la cadera, los adornos, que son regalos tradicionales: un reloj, una medalla de la virgen… Y si está claro que era fiesta y esa niña la protagonista ¿por qué no cuadra una mueca que parece de disgusto, o de aburrimiento?  ¿A qué santo aquella cara? ¿Y qué pasó después?

 

Inseparables de la forma, que las plantea, las preguntas y las interpretaciones que multiplica una obra -aunque sea obra de un niño- son las que le confieren su enigmático valor. Pero ésta no es una imagen cualquiera para mí. Y esta vez nadie mejor que yo conoce su significado.

 

Además de su calidad extraordinariamente precoz, lo que en esta vieja foto reencontrada me ha dejado estupefacta es comprobar precisamente que la cara es la misma que consigue que desde siempre parezca que estoy chupando limones, en cualquier fotografía; la misma gesticulación inquieta que no consigo petrificar como sonrisa cuando se me obliga. Mi boca tiene su propia vida, mi boca es incontrolable (una asumida ausencia total de fotogenia que ha desafiado a excelentes fotografos que siempre han perdido). Y si aún sigo haciendo las mismas muecas, lo que he sentido terrorífico es que quizá en esa foto ya era irremediablemente yo, eso, esa que soy ahora: incómoda delante de una cámara, disconforme con el día, con el vestido, con el lazo, con la medalla, con el reloj, con la tía, buscando afuera, con la cabeza siempre en otro sitio, “enmimismada”; sin saber entonces que no iba a hacer otra cosa que seguir escapando a días parecidos, a otros vestidos blancos, a otros lazos, brillos, rasos y colgantes, a cadenas con dioses, a los relojes de pulsera, al tiempo, a la gente, acodándome a la barra en las fiestas igual que a esa mesa, demasiado grave, demasiado abstraída, o demasiado alerta, demasiado inquieta como para haber encontrado lugar donde detenerme.

 

Quizá es que nos pasamos la vida intentando ser otro, ser alguien, mejor, y aunque nos esforcemos, o no, en educarnos, aunque pensemos que vamos cambiando y no fuimos siempre iguales, en realidad ya no se tiene escapatoria a los seis años, a los ocho de mi hermano, ya no hay forma de huir de uno mismo. Y quizá es que ya entonces la niña de la foto lo sabía.

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